Escuchó las palabras de la chica y encogió sus hombros con suavidad, dedicándole una sonrisa. -No te preocupes, realmente no he tenido una vida tan mala-. Comentó mientras asentía con la cabeza. Agarró su mano para quitarla de su hombro y la mantuvo sostenida sobre la mesa, acariciándola con el pulgar sin darse cuenta. -Realmente no sé si soy fuerte, pero lo he superado-.
Al escucharlo, no pudo evitar sonreír. Le alegraba que el joven no haya tenido una vida dura, parecía bueno, y era agradable. —¿Sabes? Me alegro mucho de eso, en serio—. Cuando el joven tomó su mano, se sonrojó levemente, había notado que el joven acariciaba su mano, y en un momento intentó deslizarla sólo por su tímidez, pero prontamente, decidió colocar su otra mano arriba, sonriendo. —Bueno, eso habla muy bien de ti. Si yo hubiera pasado por algo parecido… creo que no sé qué hubiera hecho—. Hizo una leve mueca.

Removió su café con la cucharita mientras la escuchaba y alzó las cejas con suavidad al escuchar su pregunta. Frunció el ceño de forma lenta y suspiró. -Yo… bueno, mis padres no me querían y me dejaron con mis tíos cuando era un crío. Crecí con ellos y… bueno, quizá si no hubiesen cuidado de mi habría muerto a los cinco meses-. Contó.
Escuchaba atentamente al joven contarle parte de su vida, y al oír las últimas frases que salieron de sus labios, no pudo evitar sorprenderse al ver tanta gravedad en el asunto. Suspiró afligida, e intentó esbozar una sonrisa en el rostro, para brindarle confianza con una de sus manos acercándose al hombro de Joseph. —Lo siento mucho, Jop. Creo que no hay nada… que pueda decir, nada más que un lo siento. Pero, bueno, por lo menos tienes a tus tíos, ellos si te aman, y eso es lo importante—. Comentó. —Debiste ser fuerte como para superar algo así, ¿no?—. Preguntó.

Cuando la camarera le entregó los cafés, los pagó y caminó hacia la mesa. Dejó el de Rose sobre la mesa frente a ella y se sentó en el asiento de enfrente. -Y bueno… cuéntame cosas de ti-. Pidió.
Tomó la taza de café entre sus manos, y lentamente, tomó un sorbo de el. Mientras se acomodaba en el asiento, escuchó atentamente la pregunta del joven. —Ehm, ¿de mí? Bueno, no lo sé, no tengo muchas cosas que contar—. Frunció el ceño. —Veamos, hace un tiempo que trabajo aquí con mis padres… bueno, no sé si sabes, pero ellos… no son mis verdaderos p-padres. Y aún estoy en el Instituto, pero tengo complicaciones con algunas materias—. Rascó su cabeza. —¿Y qué hay de ti?—. Preguntó.

Soltó una pequeña risa al ver su puchero. -Ouch… la niña pequeña quiere ser más mayor-. Bromeó, dándole un empujoncito suave con el hombro. -Vale, busca una mesa y yo voy a por ello-. Le dedicó una sonrisa y caminó hacia la barra. Pidió dos cafés normales y esperó por ellos.
—¡No!—. Exclamó divertida, riendo. —Bien, voy allí—. Comentó, señalando una mesa cerca de un par de ventanas, mientras asintió y caminó hasta sentarse en la silla a esperar al joven, quien se había encargado de ir a buscar los cafés.

Continuó caminando mientras le sonreía y asintió con la cabeza. -Yo tengo diecinueve-. Comentó, abriéndole la puerta de la cafetería. Cuando ella entró, entró detrás y la miró. -¿Cómo quieres el café?-.
—Oh… vaya, me ganaste por algunos años—. Fingió un puchero falso, y rió mientras caminaba hacia adentro de la cafetería. —Uhm, normal, sin nada en especial. Siempre lo tomo así—. Comentó.

Sonrió al escucharle y asintió con la cabeza lentamente. -Pues entonces te invito-. Le hizo un gesto con la cabeza para que caminase y lo hizo con ella. -¿Y qué edad tienes, Rose?-. Preguntó.
—Perfecto—. Sonrió entrecerrando los ojos. Mientras caminaba, escuchó la pregunta del joven, y rápidamente respondió. —Diecisiete, ¿y tú Jop?—.

-Si, supongo que nuestros personajes están destinados a no-conocerse-. Comentó risueño mientras se estiraba un poco. -Pero nosotros podemos conocernos, si quieres… ¿te apetece un café? me encanta el de la cafetería-.
—Quién sabe—. Alzó las cejas y sonrió de medio lado. —Es buena idea, no me negaría a conocerte—. Sonrió. —Claro, a mí también, tienen un sabor… “especial”—.

-Bueno, yo te conocí por la serie. Luego me enteré de que eras la hija de los productores… si te sirve-. Encogió su hombro y sonrió. -Estoy en tu misma serie. Un papel secundario… bueno… no tan secundario-. Contó.
—¿Ah, sí?—. Preguntó incrédula. —Bueno, sí, me sirve—. Sonrió ampliamente. —Espera, ¿cómo puede ser que jamás haya hablado contigo? Es extraño, los guionistas jamás deben haber escrito una escena juntos. Es genial que trabajes en la misma serie—. Admitió.

